lunes, 18 de agosto de 2014 | By: Paco Lainez

Juvenil inocencia




 
Que juvenil inocencia,
todo era en ti belleza,
ingenuidad, delicia,
me cohibía tu presencia.
Un corazón que palpita
al contemplar tu talla,
una creación genial
con un mirar que incita.
Cuanta tozudez costó
lograr que consintieras
poder saborear tus labios,
tocar tu cuerpo sedoso,
para colmarlo de caricias
con mis manos traviesas.





Eras para mi, inmaduro,

raso puro, inmaculado,

una virginal ofrenda

un talismán alborozado.

Percibía tu cara siempre

vergonzosa, arrebolada,

tus ojos verdes turbados

esquivando mi mirada,

la tuya siempre avizor

cautiva del viejo pavor,





por si alguien observaba

que nadie te delatara.

Cuantos anocheceres

oliendo aroma de rosas

caminábamos de la mano

por la pequeña alameda,

evitándome tu boca pura

vigilados por tus miedos






y una miríada de estrellas

entre las sendas oscuras.

Yo siempre insatisfecho

pretendiendo deleitarme

hasta el postrer instante

de tus penúltimos besos

y a oscuras en el portal

poder gozar y acariciarte.




1 comentarios:

María dijo...

Juvenil inocencia, belleza en la mirada interior, y en el alma de su estrella.

Un beso.

Publicar un comentario en la entrada