lunes, 15 de abril de 2013 | By: Paco Lainez

Detén el reloj...



Detén el reloj del tiempo, 

juguemos hasta que el Sol

haga las sombras más largas,

danzaremos incansables

hasta que renazca el alba.

Cuando nazca la alborada

encontraremos mil soles

refulgiendo en los cuerpos,

destellando en las miradas.


Antes nos abrazaremos

cuando se apaguen los ecos

tras bailar la última danza

y se apaguen los farolillos

que iluminan la plaza,

para capitular en los labios

imantados de tu boca liberada

viendo que la clámide del tiempo

caía sobre la madrugada.



2 comentarios:

Jana la de la niebla dijo...

Tiene el sabor de esos domingos de feria, la feria del pueblo, cuando queríamos apurar hasta el último minuto, aquellos amoríos "de verano" que también podían serlo de invierno...
Qué tiempos, qué nostalgia, Salvochea...
Un beso.

Jerónimo dijo...

Apurar hasta el último sorbo de felicidad,recibir al alba plenos de dicha...¡cuántas veces hemos sentido algo así cuando la juventud y el ímpetu eran los dueños de nuestro ser!

Un poema que rebosa vida Paco.

Te dejo un abrazo.

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