sábado, 2 de marzo de 2013 | By: Paco Lainez

Si mi pluma

Si mi pluma marinera
un día cambió la mar
por la belleza del monte,
no es que ya no te quiera
es que cambió el horizonte
de mi pluma marinera.

Ahora sueño los sueños
en las alturas del monte,
porque desde allí diviso
nítidos los horizontes.
A veces mientras subo
los empinados senderos,
por la verde espesura
de hayedos y robledales,
transito entre sueños
envuelto en las nieblas,
que hace que los caminos
parezcan casi irreales.
Hace ya tanto tiempo
que dejé de soñar
entre la espuma alba
de las olas de la mar.
Hace ya tanto tiempo
que casi me olvido,
que allí fui nacido
y con sabor a salitre
aprendí a mamar.
Si mi pluma marinera
un día cambió la mar
por la belleza del monte,
no es que ya no te quiera
es que cambió el horizonte
de mi pluma marinera.
Arrastrado por los vientos
llegué a las tierras frías,
dentro de mis pensamientos
estas cada hora del día.
De esta forma y manera
espero que llegue la hora,
para invertir la travesía
y bañarme en tu ribera.
Si mi pluma marinera
un día cambió la mar
por la belleza del monte,
no es que ya no te quiera
es que cambió el horizonte
de mi pluma marinera.
 
                                              De mi libro " La mar de tu mirada"
domingo, 17 de febrero de 2013 | By: Paco Lainez

Vestido de sueños


Hoy, cuando aún alboreaba
salió a pasear vestido, bueno,
no sé, si vestido o desvestido,
lo vi y tan solo se cubría
con la espuma de los sueños,
en su cara llevaba marcada
la señal que deja el salitre
cuando en la mar te bañabas,
o quizás fuese aquella marca
que dejaban en tus mejillas
las lágrimas cuando llorabas.
Al alba iba cubierto de sueños
y de espuma plateada, lo vi,
no sé, si vestido o desnudo
a mi, me pareció que lloraba
con una voz de llanto rota,
le pregunté y quise entenderle,
que yacía sobre el lecho yerta
que su amor lo abandonaba

y su muerte era su derrota.
Al alba iba cubierto de sueños
y de espuma nacarada, lo vi,
a mi, me pareció que lloraba.


lunes, 11 de febrero de 2013 | By: Paco Lainez

Soledad

Soledad que nunca es
soledad verdadera,
que dura soledad
sin ti fiel compañera.

Que efímero el amor
igual que un soplo,
un sueño, eso duró.

La parca ciega, cruel,
sin tiempo me dejó,
después de prometerte
amor, la vida entera.

Amé de ti los besos
los sueños, las quimeras,
dormirme y despertar
donde tu estés quisiera.

Que dura soledad,
sin ti  la vida es
tan solo triste espera.


sábado, 2 de febrero de 2013 | By: Paco Lainez

Parque del Genovés



Ay, Senado del Mentidero,

ay, parque de mi niñez,

me devuelven los recuerdos

fotogramas y secuencias

arrumbadas tanto tiempo

al desván de la memoria,

en esos años de escasez

abandonarse a los juegos

en aquellas arboledas eran:  


el gozo de la libertad

en los juegos de la niñez,

como entrar al paraíso

o atravesar el dintel

de las puertas de la gloria.

Ay, parque de mi infancia,

de mis juegos primeros,

carreras por ese vergel

que ya nunca olvidaré,




dátiles, áureo albero

y una cascada-atalaya

que mira hacia la bahía,

ánades, periquitos,

monos y pavos reales.

Una selva fascinante,

una amalgama florecida

que aunaba mil esencias

aromáticas, fragantes.



Sugerente mundo infantil

de ensoñaciones y quimeras,

aún recuerdo la vez primera

que oí las suaves melodías

de tus fuentes cantarinas

de rubia piedra ostionera,



ay, sus veredas doradas,

ay, lejanía indeseada

evocación, melancolía,

Jardines del Genovés.

A tus pies rompen bravías

las olas enfurecidas,

para rendirte pleitesía

Jardines del Genovés





domingo, 13 de enero de 2013 | By: Paco Lainez

Tierra dolorida


 Camino al mar

Soy, la senda que pisas

y el mar en que te bañas.

Soy, el aire que respiras

en las empinadas brañas.

Soy, ese río que empapa

la tierra que te sustenta.

Soy, polvo de los surcos

que roturaban los bueyes.

Soy, el estampido lejano

del trueno en la montaña.

Soy, aldeano del asfalto,

señorito de los muelles.

Soy, marinero en la sierra

y labrador de los mares.
 Camino

Soy, salteador de haciendas,

recaudador de caminos.

Soy, urbanita en las eras,

barquero en los albañales.

Soy, trovero de sacristía,

sacerdote de los casinos.

Soy, alcalde yonkyadicto

al buen comer y los vinos.

Soy, obrero de la fábrica

donde trabajan los reyes.

 Dunas


Soy, hoy, político burlador,

antes era ladrón honesto,

raro como los magnolios

que florecen en el desierto.

Soy, sutil grano de arena

de esta tierra irredenta,

de un país convaleciente

adonde vence la envidia

y donde el odio fermenta,

país que todos deshonran

sin miramientos ni ley,

mas leyes, para que leyes

que no respeta ni el rey.

Productos del parlamento

martes, 1 de enero de 2013 | By: Paco Lainez

Vértigo



Cada mirada se fundía

en un crepúsculo irreal,

en una alborada etérea,

embolicado reflexionaba

en que amé ciegamente:

el aroma que desprendías,

cada pliegue, cada rincón

de tu cuerpo celeste,

ese roce mágico y sutil

de tus manos peregrinas,

cuando acariciadoras

recorrían los sinuosos

relieves de mi orografía,

ese ardor de tu vientre

apegado a mi espalda,



aquellas dunas desiertas

de tus senos livianos,

senos que semejaban olas

cuando agitados oscilaban

como una marejada.

Pero sobre todo eso amé

aquello que ahora añoro

pese a todas mis veleidades:

la ofrenda incondicional    

de un corazón sublime  

que era el mar de sus bondades.

Aquellos tiempos lejanos

en que nos entregábamos

temerosos, furtivos,

al arrebato de los deseos,

allí, en el presbiterio

íntimo de tu alcoba,



bajo el dosel de tu lecho

ambos nos ofrecimos,

como en un altar común

la ofrenda de los cuerpos

y la comunión del alma.

Perdido ese tacto suave

aterciopelado de tu piel,

liberado de los grilletes

férreos de tus piernas

que ataban mi cintura,

náufrago a la deriva

buscando otra aventura,



que me lleve a la catarsis

y ya purificado pueda

liberarme de la adicción

de libar cada día el néctar

que rezuman tus poros,

encuentre otra morada

otra piel que sea mi norte,

que la estela de mi vida

pueda iluminarla otro faro,

otro delirio que me saque

de este desolado letargo

en que estoy sumergido,

otra ardiente pasión

que ofrezca un refugio

donde llorar este dolor

y lamer este desamparo,

para huir del vértigo

eterno de tu ausencia.